Wednesday 22 May 2024

¿LLEGARÁN EN ALGÚN MOMENTO LOS FOODTRUCKS A ESTAS TIERRAS?

La invasión de foodtrucks, los camiones de comida gourmet, en Nueva York es un hecho. Se encuentran en cada esquina, hay eventos que reúnen varios de ellos en párkings vacíos cada semana y, ahora en verano, también llevan sus platos hasta la playa. Muchos de ellos son parte de la cultura gastronómica neoyorquina: variados, accesibles, baratos y, en muchas ocasiones, riquísimos.

Sin embargo, parece que los foodtrucks están teniendo problemas con su propio éxito. Para empezar, el Departamento de Sanidad de Nueva York sólo concede un número cerrado de licencias cada año y la lista de espera para montar un foodtruck es tan larga que desde 2007 ya no se admiten solicitudes. Esto fuerza a los interesados a buscar la licencia en el mercado negro, con un precio de unos 20.000 dólares. Con el creciente número de camiones, cada vez es más difícil encontrar un buen sitio y más fácil suscitar tensiones con vecinos y otros establecimientos. Eso está forzando a que muchos de los foodtrucks más exitosos se hayan pasado al ladrillo, es decir, a un restaurante fijo tradicional. No significa que hayan cerrado su restaurante móvil, pero sí da una idea de un mercado que empieza a estar saturado. Es el caso del tex-mex Mexicue, de las recetas austriacas de Schnitzel and Things, de los dulces de Treats Truck o de la comida griega de Souvlaki GR.

A pesar de la creciente oferta, la demanda sigue ávida de foodtrucks, y este último año ha habido incorporaciones interesantes. Ejemplos de ello son un foodtruck dedicado a la langosta en todas sus variedades; la taquería andante del restaurante La Superior o los típicos bagels neoyorquinos de Vic’s Bagel Bar. En el universo foodtruck también hay lugar para proyectos excéntricos, como el protagonizado por el camión de Marky Ramone, ex batería de los Ramones. Ramone ha emprendido muchos caminos alejados de la música, entre otros, comercializar su propia salsa de tomate y ahora un restaurante ambulante donde reinan las albóndigas.

FUENTE: Gastroeconomy

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