Monday 20 October 2014

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LA HISTORIA DE LA HAMBURGUESA

Allá por el siglo XVIII,  la ciudad alemana de Hamburgo era, sin duda, el puerto marítimo más importante de Europa. Por aquel entonces los comerciantes germanos solían realizar frecuentes viajes de negocios al Báltico, donde necesariamente mantenían interesantes e ilustrativos encuentros con una cultura y unas costumbres muy diferentes a las suyas.

En lo que respecta a la cocina, dice una leyenda generalmente admitida que la región báltica había acogido, ya desde el siglo XIII, una curiosa práctica habitual en los jinetes nómadas pertenecientes a las tribus de los Tártaros -pueblos procedentes de la Europa Oriental y el Asia Central que dominaron una buena parte de Asia y Europa- consistente en que en sus desplazamientos a caballo invadiendo todo aquello que estaba a su alcance, los jinetes solían comer carne molida y cruda, la famosa “carne tártara”, empleando para ello un sistema que según la tradición -nunca confirmada– se basaba en colocar las piezas de carne entre el caballo y la silla de montar, para que ésta, con el calor y el movimiento, fuera macerándose durante el viaje.

Cuando los tártaros se expandieron por la zona del báltico, los lugareños accedieron a este tipo de carne, pero la adecuaron a sus gustos, en primer lugar macerándola por procedimientos más “civilizados” y además aderezándola con pimienta, sal y cebolla.

Las primeras recetas

Fue así como los comerciantes germanos tomaron contacto con este tipo de receta y al regresar a Hamburgo fueron introduciéndola poco a poco, hasta que los cocineros locales comenzaron a modificarla con toques propios, como por ejemplo añadirle un toque de yema de huevo.

Hasta este momento, la receta en realidad se trataba más bien de un steak tartar que de una hamburguesa, hasta que llegó el momento en que a alguien se le ocurrió darle el toque definitivo y fundamental que ha llegado hasta nuestros días: algo tan sencillo como cocinar la carne, para que su sabor mejorara y se adecuara a la mayoría de los paladares.

Llegada triunfal a EE.UU.

Y fue desde Hamburgo cómo llego a Norteamérica. En el siglo XIX, la gran mayoría de los emigrantes alemanes que partían hacia el nuevo mundo en busca de fortuna lo hacían desde el puerto de esta ciudad y entre los alimentos que llevaban para afrontar el viaje y, sobre todo entre sus recuerdos domésticos, se encontraba, naturalmente, la hamburguesa, que de forma casi natural fue introduciéndose en otras capas de la sociedad estadounidense.

Allí, al principio, cuando estos inmigrantes comenzaron a venderla fundamentalmente en las zonas portuarias cercanas a su llegada, se la conocía como “carne al estilo de Hamburgo”. Pero poco a poco el plato fue extendiéndose, hasta llegar a ser ofrecido por algunos restaurantes. El dato más antiguo que se tiene sobre este particular es de 1834, una carta del Restaurante Delmonico’s, que refrenda que ya por aquel entonces servía este plato.

Comida rápida y barata

Unos años más tarde, coincidiendo con el gran crecimiento industrial que se produjo en EEUU, se hizo necesario que la mano de obra tuviera acceso a comer algo rápido y barato. Algunos comerciantes, ayudados por carros de caballos, comenzaron a instalarse cerca de las fábricas ofreciendo hamburguesas a los inmigrantes.

A partir de ahí, poco tardaron en comenzar a funcionar los llamados locales de Fast Food, comida rápida a precios económicos, que incluían este plato entre otros alimentos. La primera cadena de establecimientos de la que se tiene noticia especializada exclusivamente en hamburguesas se llamaba “White Castle” y apareció en 1916. En 1921 ya tenía cuatro locales.  Pocos años después, más de cien.

Y así hasta nuestros días, en los que las cadenas de hamburguesas forman inmensas multinacionales establecidas prácticamente en todas las ciudades del mundo, con una clientela fiel, casi adicta, para la que este alimento ha pasado a formar parte de su vida cotidiana.

FUENTE: Diario de gastronomía.com

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