Saturday 18 May 2024

CRONUT, EL DULCE DE MODA EN NEW YORK

Hijo de un francés -el «croissant»- y una estadounidense -la dona– hace dos meses ha nacido el «cronut», el nuevo dulce que causa furor entre los neoyorquinos que, ansiosos por probar lo último en repostería, hacen colas durante horas para saborear uno de esos 200 bollos de moda que cada día se venden en la Gran Manzana.

En una pastelería del barrio del SoHo, el chef francés Dominique Ansel ha conseguido unir dos de los productos más importantes de la pastelería en una pequeña y delicada creación fabricada con una masa laminada similar a la del «croissant», pero relleno de crema y recubierto con una capa crujiente y glaseada.

«Mi equipo quería comer donas, pero al crecer en Francia nunca he comido ni he hecho muchas. Así que tomé algo que sí conocía, el «croissant», y traté de modificarlo en una dona (doughnut o donut). Así fue como empezó todo», explica a Efe este chef repostero, quien estos últimos días vive compaginando la cocina con la avalancha de entrevistas.

Pese a que sólo se pueden comprar dos «cronut» por persona, las 200 unidades que Ansel vende a diario, a cinco dólares cada una, se agotan en poco más de una hora, pues decenas de personas hacen cola desde primera hora de la mañana ansiosas por convertirse en uno de los pocos privilegiados que consiguen comprarlos. Y es que ahora en Nueva York solo se habla del «cronut», de hacerse una foto saboreando uno de ellos y colgarla en las redes sociales (por supuesto tiene ya su hashtag #cronut en Twitter). O lo que es lo mismo: se ha convertido en la nueva forma de demostrar que se es «cool» en la ciudad de los rascacielos.

El éxito de este bollo también ha traído consigo la picaresca de algunos clientes, que ya han empezado a revenderlos a través de internet con precios que oscilan los 15 y 40 dólares, lo que ha creado un auténtico mercado negro.

La locura por los «cronut» se ve fácilmente cuando uno se acerca al SoHo a primera hora de la mañana y comprueba como la lluvia y el sueño no suponen ningún inconveniente para algunos neoyorquinos, que se acercan a la pastelería de Ansel antes de las seis de la mañana para hacer cola. Minutos después, ya son más de cien personas las que esperan a que abran a las ocho.

«Para mí el cronut no tiene nada de especial. Pero para otras personas sí», confesó otro neoyorquino, Mike, que esperaba en la cola desde las seis de la mañana sólo por contentar los deseos de su jefe, que moría por uno de estos pasteles de moda.

Por su parte, Ansel reconoce estar «sorprendido» por la fascinación que ha generado el «cronut» y que está aumentando día tras día, algo que nunca imaginó cuando en mayo debutó con esta creación. Pese a que muchos señalan que estos dulces pueden convertirse en un buen negocio que podría expandirse más allá de EEUU, el repostero descarta aumentar tanto los precios como la producción. «Nunca seremos una tienda de cronut. Soy un firme defensor de la calidad por encima de la cantidad, por eso limitamos las cantidades diarias. Aquí hay muchas otras cosas increíbles para comer y todos ellas merecen nuestra atención», afirma, con un dejo de frustración por la falta de atención a sus otros productos.

Para mantener el interés de los clientes, Ansel y su equipo tienen planeado crear cada mes un sabor diferente. El de este mes es «cronut» con sabor a limón.

La gran duda ahora es saber qué pasará con los «cronut», si serán solo una moda pasajera neoyorquina o, por el contrario, conseguirán desbancar a los famosos «cupcakes», esas magdalenas con múltiples colores y diseños que en su día también revolucionaron la repostería a nivel mundial.

FUENTE: Primera hora

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